Desde otra patria

El oscuro confinamiento de las madres migrantes durante la pandemia.

Si estos dos meses de confinamientos por la cuarentena fueron difíciles para nosotros, quienes vivimos el aislamiento en nuestros hogares, con internet, viendo series y películas, cocinando nuevas recetas y durmiendo a deshoras. Podrían imaginar los siete meses que pasó Karen, una madre ecuatoriana recluida en un centro de detención en Texas, con sus dos hijos quienes sufren de enfermedades pulmonares.

En verdad, cada que escribo sobre las vejaciones que sufren los migrantes bajo el mandato de Donald Trump, la herida se vuelve más profunda. Me parece increíble escuchar cómo se vulneran los derechos humanos de la forma más aberrante, ante el silencio de la humanidad.

Habría que llegar al hartazgo como el caso de George Floyd, que desató la ira acumulada por tantas muertes injustificadas de personas de color a manos de autoridades supremacistas e intransigentes. Pero nuestros migrantes aún carecen de nombres, mueren así, en las sombras de los centros adaptados para quebrar sus espíritus y mermar sus cuerpos.

Karen es una de ella, sabe con exactitud el día que fue traslada a “The South Texas Family Residential Center” en Dilley (Texas), junto con sus hijos de 6 y 8 años. Fue un 10 de septiembre, y desde entonces las horas y los días se hicieron eternos para la madre que clamaba por misericordia para sus dos “varoncitos”, quienes estaban en alto riesgo si se contagiaban de coronavirus.

La madre de 28 años describe el trato que recibieron “peor que animales”, recuerda que solos les daban treinta minutos  para comer, sino les tiraban la comida, y dice que les daban puros frijoles o comida echada a perder. Los niños se negaban a ingerir esa comida y tenían que terminar su día con una sopa instantánea, lo que les empezó a acarrear enfermedades cardiovasculares.

Los dejaban con el calzado mojado por días, ya que para ir a la enfermería tenían que cruzar un largo tramo bajo la lluvia de Texas. La atención a los enfermos era casi nula, un suero helado y una aspirina. 

“Nos insultaban diciéndonos que estábamos infectados del coronavirus, siendo los guardias los que entraban  y salían sin tapabocas, ni cuidados sanitarios”, recordó con tristeza la inmigrante, quien actualmente se encuentra en Nueva York, esperando la resolución de su caso migratorio.

“Mejor entrega a tus hijos, están muy enfermos” le dijo un día un oficial de migración a Karen, quien aseguró que en repetidas ocasiones recibió ofertas por parte de autoridades migratorias para ser separada de los menores, bajo el argumento que pueden contagiarse del coronavirus.

“El oficial me dijo que entregara a mis hijos a un patrocinador porque se podían morir, una compañera mía sí entregó al suyo, y lueguito fue deportada a Guatemala, y su hijo sigue en Estados Unidos”, relató. 

Esa es la realidad de miles de madres con sus hijos retenidas en centros de detención en Dilley (en Texas), Karnes (Texas) y Berks (en Pennsylvania), donde aseguran que han recibido ofrecimientos por parte agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas  (ICE, por sus siglas en inglés) para firmar documentos donde accedan a entregar la custodia de sus hijos a tutores en Estados Unidos.

Organizaciones pro inmigrantes también están denunciando estas “engañosas” prácticas, donde oficiales les piden que firmen documentos en inglés, para que den a sus hijos en custodia temporal, y de esa forma ICE puede acelerar sus trámites de deportación de los padres detenidos.

“Recuerdo que mi hijo tenía más de una semana con fiebre, ya desesperada me acerque a un oficial y le pedí que no nos sacaran más bajo la lluvia. Entonces me dijo que mejor entregara mis hijos a un patrocinador”, repetía la ecuatoriana. 

Fueron siete meses donde Karen aseguró eran el mismo infierno para ella y sus hijos, en donde llorando suplicó que no la separaran de su familia, pese a que las  autoridades las colocan entre la espada y la pared, argumentando que si no entregan a sus hijos en custodia, podrían contraer el virus.

En definitiva, no es lo mismo el aislamiento para todos en estos tiempos del COVID-19. Nosotros nos quejamos, y me incluyo, del confinamiento autoimpuesto en nuestras casas. Pero los migrantes, que viven clamando por la libertad de ellos y sus hijos, ante el temor de contraer la terrible enfermedad en los reclusorios, para ellos sí es muy distinto.

*Corresponsal en Arizona, Texas y Nuevo México de la Agencia Internacional Efe.

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